lunes 21 de noviembre de 2011

Los orígenes del mal llamado "método tradicional" (II): Características de los métodos prusianos para la enseñanza de las lenguas.

Habíamos comentado en la entrada anterior que el método Ollendorf era vástago directo de la época dorada de los inicios de la industralización alemana y de la enseñanza prusiana, que, ante todo y sobre todo, se marcaba como objetivo prioritario la formación en valores de los futuros trabajadores y especialistas: resistencia ante un esfuerzo, en ocasiones, desmesurado e injustificado, abnegación, etc. Pues bien, en este contexto histórico surgen los métodos prusianos de enseñanza de las lenguas con Ollendorf a la cabeza, aunque no en exclusiva: vinieron de la mano igualmente de Karl Plotz, Johann Meidinger y Johann Seidenstücker. Con ellos se inicia nada más y nada menos que el MÉTODO DE GRAMÁTICA-TRADUCCIÓN que dominó el mundo de la enseñanza de las lenguas a lo largo del siglo que dista desde 1840 hasta 1940, y que se prolonga exclusivamente en la enseñanza de las Clásicas hasta nuestros días. 
Los principios metodológicos compartidos por todos ellos se basaban en el hecho de que:
1.- El aprendizaje de una lengua se dirige fundamentalmente al acceso a su literatura, no a una práctica real de conversación.
2.- El inicio de dicho aprendizaje se lleva a cabo mediante interminables reglas gramaticales y, a continuación, se aplica a la traducción de frases a la lengua materna o desde ésta a la lengua de estudio. 
3.- El vocabulario se aprende en listas bilingües de palabras, y se concede una gran relevancia al uso del diccionario y a la memorización de dichas palabras sin contextualización alguna.
4.- Prácticamente se deja a un lado el aspecto oral y auditivo del lenguaje.
Sin embargo, hasta ese momento, prácticas como la de la traducción habían sido consideradas por los humanistas como un medio marginal, como, de hecho, ocurre hoy en día entre nuestros colegas docentes de lenguas modernas, que han superado desde hace decenios la gramática-traducción como una metodología considerada a todas luces obsoleta e ineficaz.
La primera mención explícita a la traducción como instrumento de aprendizaje de una lengua extranjera, se encuentra un siglo antes en un opúsculo de Tannegui  (o Tanneguy) Lefebvre (1615-1672), que lo propone en su Méthode pour commencer les humanités Grecques et latines, datado en 1670, pero su propuesta no contó con el refrendo de sus contemporáneos, más allá del meramente anecdótico, hasta la llegada de los prusianos.
Tanneguy Lefevbre
Con KARL PLOTZ  (s. XIX) se marca el siguiente hito en la historia de la enseñanza de las lenguas al estilo prusiano: su método CONSISTÍA EN LA RECITACIÓN DE LAS NORMAS Y EN EL ANÁLISIS GRAMATICAL, JUNTO CON EL EMPLEO DE FRASES PARA SU TRADUCCIÓN.
 En cualquier caso, -insistimos- la lengua se aprendía para leer y traducir a la lengua materna textos literarios concediéndose, a su vez, una nula importancia al desarrollo de las competencias oral y auditiva.
No obstante, el más destacado entre los creadores del método gramática-traducción fue, sin duda, HEINRICH GOTTFRIED OLLENDORFF (1803-1865), gramático alemán que, guiado por la euforia sistematizadora de los tiempos, creyó haber logrado reducir a un conjunto de normas universales lo que de común tienen todas las lenguas, de tal forma que se podía crear una única metodología de aprendizaje lingüístico aplicable indistintamente a cualquiera de ellas, fuera moderna o clásica. Se basaba este método en la aplicación de un conjunto de frases cortas que ponían en práctica el vocabulario y las estructuras más usuales de la lengua que se pretendía aprender, a las que acompañaban un conjunto de respuestas no demasiado coherentes respecto a los contenidos de lo preguntado. Esto lo convertía en un método alejado hasta tal punto de la realidad del habla que era altamente improbable que tal relación de preguntas o respuestas se diera jamás en contexto conversacional alguno y, por tanto, se distanciaba de forma definitiva de la causa primera que debería haberlo justificado (al menos en nuestra mentalidad actual): la posibilidad de comunicarse con seguridad en un país extranjero. Aún hoy en día se siguen realizando bromas sobre su metodología, como vemos en este BLOG o en del mismísimo Iñaki Anasagasti.  Gracias a Ollendorff, se hicieron famosos diálogos disparatados como (extraído de la versión española para el aprendizaje del inglés, refiriéndose a la conjunción "ni"):  
-¿Tiene usted su pluma o la mía?
- No tengo ni la de usted ni la mía.
- No tengo ni mi aguja ni la del sastre.
- No tengo ni el caballo del librero ni el del muchacho.

Con todo esto prometía Ollendorff aprender cualquier lengua en seis meses, como podemos ver en el título del capítulo introductorio al estudio del latín. El paso para que todos los manuales de latín "modernos" incluyeran frases tan disparatadas y descontextualizadas como: "PUELLA REGINAM AMAT", "REGINA HASTAM HABET" O (frase requerida para traducción inversa) "EL MARINERO TIENE LANZAS", estaba ya dado (los ejemplos están extraídos de las primeras páginas de un "método" de latín para Bachillerato), e, irónicamente, se consideraba moderno y vanguardista hacerlo y antiprogresista a todo aquel que supuestamente se enfrentara a los "aires renovadores" que traían los nuevos tiempos en la enseñanza. En las próxima semanas trataré las desastrosas consecuencias que la aplicación de esta metodología tuvo en varios países europeos, así como la implantación del métodos prusianos en España.